India 02

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Recorriendo India, Nepal, Birmania, Tailandia, Malasia, Sumatra, Java, Bali, Lombok, Sumbawa, Flores, Rinca y Jordania.

El 6 de Abril del 2002 salimos de Madrid con nuestras mochilas con destino Bangkok -haciendo escala en Amman (Jordania) – en un vuelo de la compañía Royal Jordania. Llegamos a Bangkok (sacamos los visados al llegar) y cogimos un autobús que nos llevara cerca de Kao Shan Road. Nos quedamos una semana en un hotel bastante majo en la que aprovechamos para ver la ciudad y charlar con Brian, un argentino que Sebastián había conocido años atrás viajando por Sudamérica y que, lo que es la vida, en ese momento residía en Bangkok (nos lo encontramos de casualidad mientras veíamos una exposición de fotos en la que resultó que el fotógrafo era él).

En una agencia de viajes de Kao Shan compramos un billete de la compañía Biman que hacía Bangkok-Calcuta-Yangun-Bangkok con escalas en Dacca (Bangladesh) que después modificamos en Kathmandu.

Después de toda una vida de soñar con INDIA, por fin iba a llegar el momento en el que mi sueño se hacía realidad y recuerdo que estaba muy pero que muy emocionada. Desde muy pequeña y sin saber el porqué (debe ser algo de mis vidas pasadas ja, ja) me había sentido locamente atraída por este país y toda su enorme riqueza cultural.

Era tanta mi obsesión con India que fue una de las causas de que tomara la decisión más acertada de mi vida y que no fue otra que la de estudiar Filosofía a nivel universitario cogiendo todo lo que me ofrecían de Religiones-Filosofías Orientales.

India es el país que más tiene que ofrecer al viajero (y digo viajero, no es un destino para turistas, no malgastéis el dinero) desde el punto de vista cultural: religiones-filosofías, valores, gentes, paisajes, gastronomías, músicas, artes, medicinas, porque han sabido protegerla/s del avance de los tiempos y de las influencias de Occidente. Si alguna vez me pierdo buscadme en la India o mejor, no lo hagáis!

India es una y diversa al mismo tiempo y en esta paradoja (que no es tal) reside su magia. La amarás o la odiarás pero seguro que no te dejará indiferente.

Entramos en India por Calcuta (visado gestionado en España) y todavía recuerdo lo impactada que me quedé, mucho más que al llegar a Bangkok. Las puertas de mi percepción se vieron sacudidas por tal cúmulo de sensaciones nuevas que las pobres no daban a basto tratando de procesar todo lo que recibían.

Recuerdo que una vez instalados en un hotelito cogimos el metro para ir al templo de Kali (Kalighat). La cara que se me quedó cuando, bastantes metros antes de llegar, nos paran unos sacerdotes y nos dicen que tenemos que dejar nuestro calzado allí y avanzar descalzos hasta el templo. El templo estaba abarrotado de fieles y nos dispusimos en un rincón contemplando extasiados el fervor que emanaba de los allí presentes. Todos trataban de avanzar para poder acercarse cuanto más mejor a Kali, la diosa negra que exige sacrificios de sangre diarios para satisfacerse.

A los tres días de estar por Calcuta, Sebastián se vió afectado por la típica y siempre incordiosa, diarrea del viajero. Como no fue demasiado fuerte, después de estar un par de días más en esta ciudad cogimos un tren que nos llevó a Siliguri.

Cuando bajé del tren me dio un conato de desmayo y rápidamente alquilamos una furgoneta que nos subiera a Darjeeling donde la temperatura era mucho más fresca. Durante todo el trayecto me sentí fatal y nos dimos cuenta de que tenía bastante fiebre.

Llegamos a Darjeeling y nos instalamos en el hotel Bellevue (precioso hotelito de estilo tibetano con habitaciones con estufa de leña, baño y unas fantásticas vistas al Kanchenjunga). Por la tarde tenía mucha fiebre y Sebastián trajo una doctora que enseguida vio lo que tenía. Infección de orina. Eso por no beber suficiente agua para evitar tener que ir a los nauseabundos baños de la India. ¡Lección aprendida para el resto de mi vida!.

En unos días me recuperé y pasamos una semana genial en Darjeeling pateando arriba y abajo por el mall, Chowk Bazar etc. visitando las gompas. La gente del hotel fue simplemente encantadora y atentísima con nosotros. Siempre los recordaré.

Desde Darjeeling intentamos entrar en Nepal por tierra (de hecho, entramos) pero debido a una huelga indefinida de autobuses que nos obligaba a quedarnos en el pueblo fronterizo por tiempo indeterminado (había movida con los maoistas) , decidimos entrar otra vez en India.

Nuestros siguientes destinos fueron Gaya y Bodhgaya que se encuentran a unos 13 km uno de otro. Llegamos en tren a Gaya desde aquí cogimos un autorickshaw que nos llevara a Bodhgaya. Gaya es un importante centro de peregrinación hindú y Bodhgaya es el más importante centro de peregrinación budista del mundo porque aquí Siddartha Gautama alcanzó la iluminación bajo el árbol de bodhi e inició su vida de predicación.

Después de unos días de pasear entre templos, cogimos otra vez el tren para que nos trasladara a Varanasi, la ciudad de Shiva. Después de unas 5 horas de tren (las distancias en India son enormes y los trenes son lentos y suelen sufrir bastantes retrasos) llegamos a la que es considerada la ciudad más santa de la India. Nos alojamos en el Hotel Ajaya (habitaciones impolutas, con baño, tv y a.a. a muy buen precio y la comida exquisita).

La estancia en Varanasi fue de lo mejor de todo el viaje. Un sueño de toda la vida hecho realidad. Varanasi es para pasearse una y otra vez por los ghats (hay más de 100) observando con los tres ojos bien abiertos (en especial el tercero) todo lo que allí se cuece que es mucho, muchísimo, coger una barca y navegar por el Ganges para ver como la gente hace sus abluciones (al amanecer y al atardecer si es posible), ver y participar en las pujas al anochecer en el río, tomarte una bebida bien fría en un bareto de algún ghat, emocionarte en silencio al contemplar una cremación en el ghat Manikarnika, visitar descalzo los templos dedicados a Shiva y Durga, dar un salto a la Universidad hindú y mezclarte entre los estudiantes.

Varanasi tiene algo que no se puede explicar con palabras, ve allí y me entenderás.

Uno de los días que estuvimos en Varanasi cogimos un ricksaw que nos llevara a la cercana localidad de Sarnath (está a unos 10 km.) donde pasamos el día viendo los templos, monasterios y stupas.

De Varanasi nos dirigimos a Khajuraho para contemplar en vivo y en directo los maravillosos templos que allí se encuentran profusamente decorados con escenas sacadas del Kamasutra.

Khajuraho es un pueblo pequeño donde recuerdo que hacía un calor de morirse. Creo que es el sitio donde a más temperatura he estado en mi vida. Nos levantábamos pronto por la mañana para ir a ver templos, porque sobre las once y media ya no se podía parar en la calle y tenías que ir al hotel a tirarte un rato y estar al fresco. Por la tarde, cuando el sol te daba un respiro, aprovechabas para salir otra vez hasta la noche. Ante tanto calor, decidimos hacernos ropa más fresquita. Nos hicieron a medida un par de pantalones y un par de camisas de estilo indio que nos intercambiamos durante todo el viaje.

En Khajuraho pasamos un montón de tiempo en el Raja´s Café. En la terraza superior se estaba de vicio con el calor que hacía. Totalmente recomendable.

En autobús fuimos a Orchha. Un pequeño pueblo que cuenta con palacios y templos muy bien conservados. Nos alojamos en el Betwa Cottages que, como no tenían gente por la época del año en la que estábamos, nos hizo precio. Está al lado del río. Orchha nos gustó mucho, era muy tranquilo y agradable y nos quedamos unos días.

En tren nos dirigimos a Agra. Para poder movernos bien por la ciudad y ver todo lo que ésta nos tenía que ofrecer, cogimos un autoricksaw y quedamos con él para que nos llevara por todo. Era un chavalito muy enrollado de 23 años que se acababa de casar y nos divertimos mucho con él. Nos entró de cara y nos dijo si no nos importaba ver un par de tiendas y hacer un poco el paripé porque él se llevaba comisión. Como nos lo dijo francamente le dijimos que sí y entramos a un par de ellas a hacer un poco el tonto. El chaval se lo ganó era muy majetón.

El complejo del Taj Mahal es impresionante lo mismo que el Fuerte Rojo.

De aquí, y también en tren, nos dirigimos a Delhi. Nos alojamos en la zona del Paharganj (cerca de la estación de trenes) en el Hotel Relax (si vas a estar días te hacen precio). Precioso hotel situado en Neru Bazzar con un balcón lleno de plantas desde el que disfrutar de unas increíbles vistas de todo el bullicio de la zona (especialmente recomendado para una romántica cena nocturna). A mí me gustó mucho el Paharganj por su ambientillo mochilero, lleno de tiendas y puestecillos de comida y zumos. Para comer un sitio que está bien es Sam´s Café (buena comida y muy limpio) pero hay muchos otros sitios.

Delhi tiene muchas cosa que ver. En la vieja Delhi (lo más auténtico) destacar el Fuerte Rojo, Chandni Chowk (una locura increíble, India en estado puro) y Jama Masjid que es la gran mezquita (la mayor de India).

Después de más de un mes pasando muuuucho calor, tocaba ya refrescarse un poquito así que empredimos camino a Himachal Pradesh. Cogimos un autobús a Shimla y cuando bajamos enseguida notamos que estábamos a más de 2000 metros. ¡Qué fresquito!. Shimla es un sitio de veraneo de la clase alta india que para huir del calor de las planicies sube a la montaña. Es una ciudad muy agradable con un toque británico en la que toda la vida se centra en el Mall y el Ridge que son los sitios por los que la gente pasea y se reúne para charlar por lo que están abarrotados.

Otro autobús nos llevó a Manali (parando primero en Kulu para cambiar de autobús). El paisaje del trayecto (10h) fue espectacular aunque en algunos tramos no apto para los aquejados de vértigo. Sobretodo cuando nos cruzábamos con otro camión o autobús y casi sacábamos la rueda por el precipicio por la estrechez de la carretera.
Recuerdo que un día que bajamos a Kulu a alargar mi visado, nos encontramos en un punto muy estrecho de la carretera con otro autobús que subía y estuvimos minutos parados para poder pasar avanzando centímetro a centímetro. El chófer y el ayudante nos dijeron que nos pusiésemos todo el mundo en la parte del autobús que no daba al precipicio por los desprendimientos.

Manali está a 2000 m. en el valle de Kulu. Nos alojamos en el Hotel Kalpna que acababa de abrir las puertas y estaba muy nuevo
La acción en Manali está alrededor del Mall donde hay de todo: Agencias de viajes, restaurantes, tiendas etc. Recomendamos comer comida tibetana en el Chopsticks (probar los deliciosos “momos”). Cruzando el río está el viejo Manali y cerca hay un pueblecito llamado Vashisht (lleno de hippies de larga estancia) desde el que hay unas vistas preciosas. En Manali merece la pena visitar el templo de Dhungri que está enclavado en un hermoso parque lleno de árboles. Para moverse por la zona están los autoricksaws.

De Manali nos fuimos al hogar en el exilio del Dalai Lama: Dharamsala. Nos alojamos en Mcleod Ganj un poco más arriba de Dharam.

No recuerdo el nombre del hotel que cojimos pero sí que recuerdo que no podías dejar las ventanas abiertas porque estaba lleno de monos que bajaban, entraban en la habitación y se llevaban lo que pillaban…

La verdad es que nos esperábamos más. Callejeamos bastante, hay muchas tiendecitas, restaurantes, tiendas de internet. Mucho guiri. Fuimos al complejo de Tsuglagkhang que es donde vive el Dalai Lama (que en ese momento no se encontraba en Dharam) y nos quedamos a la ceremonia que había, no se, nos esperábamos más, es demasiado guirilandia.

Nuestro siguiente destino fue Rishikesh. Lleno de ashrams donde poder aprender yoga. Nosotros no nos quedamos en uno de ellos. Nos alojamos en la zona conocida como High Bank que tiene unas vistas sobre el Ganges preciosas. Concretamente en el High Bank Peasants Cottage. Lo mejor de este sitio es la super terraza a la que dan todas las habitaciones desde la que tienes unas vistas increíbles. El desayuno y la cena buenísimo.

Para poder movernos a nuestro antojo hablamos con el dueño y le alquilamos su moto una Yamaha de 250cc. Con ella nos lo pasamos de miedo, de arriba para abajo, nos movimos por todo. Después de explorar toda la zona de los ashrams se nos ocurrió la idea de ir con la moto hasta Uttarkashi. No paramos porque se nos hacía tarde para volver pero el camino mereció mucho la pena.

Otro día nos fuimos con la moto a Haridwar para ver si nos gustaba e íbamos o pasábamos. Fuimos y nos gustó mucho así que éste fue nuestro siguiente destino. Nos despedimos de Rishikesh prometiendo volver y cogimos un autobús para Haridwar.

Haridwar es otra de las ciudades sagradas del hinduismo. Aquí se celebra cada 12 años el Kumbh Mela, a donde acuden miles de fieles en peregrinación (está lleno de shadus). Lo interesante como en Varanasi está en el ghat principal y en la zona que lo rodea lleno de tiendas de objetos religiosos. Recuerdo que siempre íbamos a tomar chai (el té indio, exquisito) a un local enfrente del río. Al lado había un árbol grande en el que debajo vivía un shadu totalmente desnudo y cubierto de ceniza que se pasaba todo el día fumando en pipa ganga con más gente ja,ja,ja

De Haridwar cogimos el tren que nos llevó a Delhi. Compramos un billete de avión de ida para Kathmandu y nos despedimos de India.

 

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