Birmania

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Teníamos muchas ganas de visitar BIRMANIA porque sabíamos que se había abierto al turismo en 1988 y eso ya era un gran aliciente, aparte de todo lo que conocíamos de él: el país de las mil pagodas, del color dorado, con una vida cotidiana todavía guiada por la religión budista, 135 etnias! La verdad es que cumplió con creces todas nuestras expectativas. De hecho, nos hubiera gustado estar más tiempo que los 28 días que te permitían estar. Volveremos seguro!

Aterrizamos en la capital Yangón y lo primero que tengo que decir es que no es verdad, como habíamos leído, que no se pueda evitar el tener que cambiar un mínimo de 300 dólares para entrar. Nosotros no los cambiamos! Aunque no diré aquí cómo lo hicimos, usad la imaginación.

Viniendo de India y Nepal, lo primero que nos chocó fue lo limpia y ordenada que nos pareció Yangún. Cogimos un hotel bastante majo Yoma Hotel (en la calle del mercado Bogyoke Aung San) que, como estábamos en temporada baja, nos hizo precio. Es muy agradable pasearte por Yangún. Casi todo el mundo, hombres y mujeres, van vestidos con la vestimenta típica del país que es un trozo de tela que se enrollan magistralmente a la cintura. La gente es una de las mejores cosas que tiene el país. Son una pasada. Cenábamos en un pequeño restaurante que estaba muy cerquita del hotel regentado por una familia. Qué gente tan simpática, atenta, agradable y me quedo corta y qué comida tan buena. Probamos un montón de cosas a base de arroz o noodles a cuál mejor. Una cosa muy graciosa es cómo suben mercancías a las casas. De los balcones cuelgan cuerdas, cada vivienda la suya/s, y luego desde abajo simplemente atan la mercancía a la cuerda y estiran desde arriba.

Lo primero que fuimos a ver en la capital fue la Shwedagon pagoda y tenemos que decir que sólo por ver este complejo ya vale la pena ir a Birmania. Puedes estarte horas paseando por el recinto, descansando en un templo sentado en el suelo tranquilamente observando lo que acontece o charlando con la gente (algunos hablan inglés). Nosotros estábamos tranquilamente sentados descansando y un par de monjes se sentaron con nosotros para hablar y conocernos. Fue una de las experiencias más bonitas que tuvimos. Hablamos de religión, de filosofía, de nosotros, de ellos etc. Fue muy interesante y gratificante para todos y nos invitaron a que fuéramos a su monasterio al día siguiente. Sólo en esta pagoda te puedes pasar días, pero hay muchas más, todas preciosas. Recuerdo que estuvimos en una en la que había un Buda tumbado enorme (tan grande como el de Bago).

Yangún, para ser una gran capital, nos dejó un muy buen sabor de boca.

Cogimos un autobús que nos llevó a Kalaw que está en la montaña a 1320m. de altitud. Nos alojamos en un hotelito fantástico, el Winner Hotel, donde pudimos arreglar un trekking de un día por la zona. En Kalaw se está muy fresquito así que es un sitio para explorar andando. Hay muchos templos para visitar y el pueblo en general es muy bonito. En el trekking fuimos a ver unos poblados de la etnia Palaung caracterizada por el color azul y rojo de la ropa de las mujeres y por vivir en casas comunales “long houses”. Nos divertimos mucho con la gente y fue “muy interesante” hablar con el guía, nos hizo una muy valiosa “introducción a su país”. Era un señor mayor muy majo que hizo que pasáramos un día genial.

Después de estar por Kalaw unos días, en taxi nos fuimos a ver la cuevas de Pindaya primero y luego a Inle Lake. El señor que nos había hecho de guía vino con nosotros ya que nos pidió este favor porque él tenía que ir a Inle Lake y era mejor compartir medio de transporte. Nos salió muy barato ir con el taxi y pudimos estar en Pindaya lo que nos apeteció.

Las cuevas son una pasada. Tienes que subir 200 escalones hasta el acceso a la cueva y dentro te encuentras que están llenitas de Budas de todos los tamaños (más de 8000). Las vistas desde lo alto son increíbles.

Sudeste Asiatico 2002 CD6 019modifDespués de tomarnos nuestro tiempo en Pindaya seguimos nuestro camino hacia Inle lake, hogar de la etnia intha. Viven en casas construidas sobre pilares, realizan cultivos flotantes y pescan en sus canoas impulsadas por largas perchas que mueven con el pie.

Nos alojamos en el hotel Inle Inn y alquilamos una canoa para navegar por el río. La navegación es, por sí sola, una gozada, pero si a esto le añades los mercados, los pueblos de casas flotantes, los monasterios como el Phaung Daw U (recuerdo también otro llenito de gatos) etc. se convierte en una experiencia única.

De aquí nos dirigimos en autobús a Mandalay, la última capital birmana antes de los británicos. Aquí te puedes pasar varios días. Cabe destacar Mandalay Hill con unas vistas impresionantes, templos y unas preciosas escaleras. Kuthodaw Paya con el libro más grande del mundo y Mahamuni Paya que contiene una imagen sentada de 4 m de alto y cubierta por una capa de oro de 15cm que los devotos han ido poniéndole.

En los alrededores de Mandalay están las ciudades antiguas de Amarapura, Inwa, Sagain y Mingun de visita obligada.

Nuestro siguiente destino fue Bagan. Una inmensa planicie que cuenta con miles de templos de 800 años de antiguedad. Para verlos puedes alquilarte bicicletas o un carro tirado por un burro. Como hacía muucho calor nosotros optamos por lo segundo y disfrutamos de lo lindo…nos quedamos tres días.

De allí nos dirigimos ya hacia el sur y paramos en Pyay. Llegamos a la madrugada y tuvimos una experiencia de las que hacen mella. Y es que coincidimos con todos los monjes del monasterio que iban en fila con sus cuencos de los más mayores hasta los más pequeños a pedir comida a las casas (la gente ya lo sabe, lo hacen cada día, y les tiene preparada su parte). Da que pensar, viendo la pomposidad de la curia católica.

En Pyay tratando de encontrar en medio de la frondosa vegetación unas ruinas antiguas que hay cerca, ocurrió que nos topamos con una culebra enooorme. Al ver a Sebastián (que iba delante) se levantó y menos mal que se quedó quieto como una estatua y no la pisó ni nada. Ella se volvió a agachar y siguió su camino cruzando por delante nuestro. Recuerdo que para quitarnos el susto de encima nos pusimos a jugar al futbol con los niños de un poblado que había allí al lado.

De Pyay fuimos a Bago para ver sobre todo su Buda reclinado de 55m de largo y 16 de alto, realmente impresionante y después de estar un día por allí nos dirigimos a Yangón para, después de hacer unas compras y mandar un paquete a España, finalizar nuestra estancia en Birmania.

Volamos a Bangkok muy contentos de haber recorrido este maravilloso país que tiene tanto que ofrecer al viajero y con una gente de lo más maja que nos hemos encontrado. Regresamos seguro, hay tantas cosas que nos quedan por ver allí!

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