Qué ver en Fez

Fez el Bali, qué ver en la medina de Fez. Marruecos.

¿Qué podemos ver y hacer en la medina de Fez? Allá vamos!!

Aunque salimos relativamente pronto por la mañana desde Chefchaouen, llegamos casi de noche a Fez. La carretera resultó ser bastante estrecha y llena de baches así que decidimos ir despacio y con buena letra. Entre que paramos para comer pausadamente y varias veces para estirar las piernas y tirar alguna foto, el tiempo se nos fue echando encima.

Llegamos a Fez y, como siempre, intentamos ubicarnos con la única ayuda de las señales , los nombres de las calles y el pequeño mapa de la LP. Era ya de noche y había que localizar el Camping Internacional a unos 4 kms al sur del centro, cerca del nuevo estadio de fútbol en la carretera de Sefrou. Recuerdo a Sebas y a mí misma sacando medio cuerpo por la ventana y gritando “excuse moi, la route au Sefrou”, al tiempo que hacíamos una señal con la mano indicando la dirección de la carretera en la que estábamos… Costó, costó bastante. Tardamos como una hora, dando vueltas por las caóticas calles de la ciudad nueva, en coger la carretera buena que iba a la dichosa Sefrou y que nos llevaría al camping. Teníamos la referencia de los 4 kms así que más o menos debíamos poder calcular por dónde caía. Pues no. Nos lo pasamos, nos dimos cuenta pero tuvimos que avanzar bastante hasta encontrar un lugar para poder dar la vuelta. No había “cartel iluminado”, como era de esperar, y no se veía ninguna indicación, y menos de noche. Optamos por parar y asaltar a alguien para preguntar. Al final lo encontramos. La entrada estaba en un lateral, no en la cara del edificio que daba a la carretera principal, y por eso no veíamos nada de noche.

Cuando llegamos no había nadie en el camping. Más tarde llegó un landy de una pareja suiza de la que nos hicimos amigos y al día siguiente un chico inglés con una autocaravana.

Por la mañana nos levantamos muy temprano, nos duchamos, desayunamos, limpiamos nuestra casita y dimos un buen paseo con Akira. Después, preparamos el equipo fotográfico, dejamos a Akira durmiendo en el camión y salimos andando en dirección a la carretera para coger un taxi que nos llevara a Fez el-Bali. Es decir, a la parte vieja, a la medina de Fez.

Le decimos que nos deje en una de las puertas de entrada y después de sortear habilidosamente el caótico tráfico durante un buen rato, nos abandona a nuestra suerte justo delante del Bab (puerta) que le habíamos indicado.

Ya estábamos aquí!. Recuerdo que la primera y última vez que había estado en Fez en Julio de 2004 hacía un calor tan sofocante que casi no pude disfrutar como se merece esta laberíntica miniciudad dentro de la ciudad. Ahora era el momento de resarcirme. Era Diciembre y hacía fresquito. Ideal para pasear infatigablemente por los intrincados y estrechos callejones.

La medina de Fez fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. Este hecho ha frenado bastante la degradación, posibilitando que hoy en día siga siendo una de las ciudades medievales habitadas más grandes del mundo.

Los monumentos más conocidos son la Mezquita de Moulay Idriss (del siglo IX ), la tumba del fundador de la ciudad, la mezquita Qarawiyin (fundada en el año 859 ), la medersa Bu’ Inaniyya y la mezquita de los andaluces (fundada en el 860).

La medina encierra más de 150 barrios, y cada uno de ellos debe incluir, según la ley islámica, una mezquita, una escuela Coránica, una panadería, una fuente y un hamman.

Entramos en la medina y comenzamos a pasear dejándonos llevar de calle en calle. Realmente, y siendo sincera, si me sueltas a mí sola aquí creo que no salgo ni en cien años. Mi sentido de la orientación es sencillamente pésimo. Eso sí, soy capaz de recordar cualquier nombre por enrevesado que sea. La suerte que tenemos es que a Sebas le pasa justamente todo lo contrario. Mi mente no puede comprender cómo lo hace pero casi siempre sabe dónde está y hacia donde debe dirigirse. Eso sí, no le preguntes cómo se llama el camping/hotel dónde se aloja, por ejemplo, porque no tiene ni la más remota idea. Entonces lo que hacemos es funcionar como equipo. Yo me encargo de lo mío y él de lo suyo. La verdad es que ya tenemos práctica.

La medina por la mañana está abarrotada. Es un frenético ir y venir de gente en constante actividad. Hay veces que casi no puedes ni andar. Normalmente cuando están transportando cosas, bien sea en burros bien sea en carretas que empujan rudos hombres al mismo tiempo que avisan a viva voz a la gente para que se eche a un lado. Obviamente no entiendes nada, pero comprendes que dicen algo como “apartad que voy”. Te pasan a gran velocidad casi rozando la pierna. Tienes que ir listo y hacerte a un lado rápido.

Los tenderos en sus puestos se esmeran en hacerte parar y entrar en sus vistosas tiendas. La verdad es que es toda una tentación.  Hay de todo lo que te puedas imaginar y más y todo muy bonito, demasiado bonito diría yo ja,ja. Hay turistas a los que este “acoso” les pone un poco de los nervios. Es comprensible ya que si a esto le unes el caos reinante, los intensos olores y el ruido ensordecedor, el pobre turista, recién llegado de alguna ordenada y aséptica ciudad europea, se ve terriblemente abrumado. A mí no me molesta demasiado, quizá es que ya esté acostumbrada o quizá es que en el fondo me encanta  a rabiar todo este ambiente tan flipante.

La parte que más me atrae son los mercados de comida. Acostumbrada a hacer la compra en el super, ver todos esos deliciosos productos frescos tan bien expuestos y emanando unos aromas tan sugerentes me vuelve loca. Siempre picamos y nos llevamos unas cuantas bolsas de diversos tipos de aceitunas. Mis preferidas son las negras arrugadas y amargas y las de Sebas unas verdes picantes que las ponen mezcladas con otras verduritas finamente picadas. También puedes encontrar los mejores dátiles del mundo, pistachos, higos pasos, almendras garrapiñadas, ciruelas pasas… qué locura!. La zona de la carne apesta bastante pero, guau!, es Marruecos en su más pura expresión. Merece la pena hacer el esfuerzo!. Nosotros muchas veces compramos kefta (carne picada especiada) o mergez (salchichas frescas) para cenar por la noche. Seguro que también te llamará la atención los puestos de especias con sus aromáticos conos de colores, un placer para la vista y el olfato.

Después de horas vagabundeando calle arriba calle abajo con la cámara en marcha congelando instantes, nada mejor que un superazucarado té a la menta. Paramos, descansamos, pasamos por el baño (importante!:-)), nos ubicamos y preparamos el siguiente recorrido.

No te puedes ir de Fez sin visitar el barrio de los curtidores. Lo mejor es que te acerques a la zona y cuando ya estés allí no te preocupes que enseguida te entrará alguien, le sigues y te llevará a una de las terrazas privadas (de una tienda) desde dónde divisar cómo los hombres trabajan la piel. Acuerdas un precio y a disfrutar de las vistas. No tienes porqué comprar nada si no quieres.

El primer paso que se realiza en las curtidurías es introducir las pieles en enormes cubas llenas de cal y excrementos de paloma, donde se dejan en reposo durante varios días. Después se retiran los restos de pelo que quedan en las pieles y se les da color introduciéndolas en grandes cubas llenas de tintes naturales de variados colores.

Cada uno de los tres días que estuvimos en Fez comimos magistralmente en un pequeño restaurante frecuentado por familias marroquíes. Muy bueno y barato.

Los dos días siguientes continuamos con nuestros paseos por la medina hasta las tres y media de la tarde más o menos. Como oscurece muy pronto, la tarde la dejábamos para editar las fotos realizadas, jugar y pasear con Akira y charlar al lado del fuego con los compañeros de camping.

Si te apetece ver más fotos que realicé en Fez puedes hacerlo aquí.

Confío en que esta entrada y los artículos a los que he enlazado te ayuden en la planificación de tu viaje a Marruecos.

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