Ruta por el Sureste marroquí: Zagora-Foum Zguid-Tata-Bouizakarne-Tiznit.

Una simpatiquísima mujer bereber con su hijo.
Ruta por el Sureste de Marruecos: Zagora-Foum Zguid-Tata-Bouizakarne-Tiznit.

Estábamos muy pero que muy contentos tras los días pasados en el desierto de Mhamid. La verdad es que lo disfrutamos a tope todos. El viaje continuaba. Queríamos ir a un montón de sitios y el tiempo ya empezaba a ahogar. Cogimos de nuevo la estrecha carretera que llevaba a Zagora. Después de hacer noche en el camping, continuamos camino dirección Foum Zguid.

Toda la carretera está llena de Kasbahs preciosas.
Toda la carretera está llena de Kasbahs preciosas.

La carretera iba uniendo una kasbah con otra a cual más bonita. Unos kilómetros después de Zagora, en un pueblecito de barro del que no recuerdo el nombre, vimos una señal que decía “ruta turística“. Nos pareció que penetraba en el espeso palmeral así que, seducidos por la idea de descubrir lo que allí dentro se escondía, tomamos la angosta pista y nos adentramos entre las verdes palmeras.

La pista estaba un poco mal porque andaban arreglando no se qué y era estrecha pero se podía transitar sin problemas así que seguimos adelante. Encontramos algunas pequeñas kasbahs un poco deterioradas, pero igualmente encantadoras, escondidas entre la vegetación. Algunas mujeres, cubiertas de negro de los pies a la cabeza, andaban por el camino con sus niños a la espalda y, los que podían ya andar, correteaban a su alrededor. Otras, las más jóvenes, venían, cargadas como burros, de recoger ramas de palmeras. Hicimos la ruta hasta el final, en algunas partes se estrechaba bastante y las ramas rozaban escandalosa y chirriantemente los laterales del camión.

Una preciosa Kasbah de adobe.
Una preciosa Kasbah de adobe.

Volvimos a coger la carretera hacia Foum Zguid que iba discurriendo entre preciosos poblados de barro. Nos apetecía parar un rato y pasear y se nos ocurrió la idea de parar en uno de estos sugerentes y hermosos pueblecitos. Nada más parar, unos niños que andaban por allí jugando vinieron a saludarnos. Bajamos con las cámaras y nos pusimos a pasear mientras íbamos haciendo alguna foto y hablando con los niños que estaban revolucionados y sobre excitados por nuestra visita. Menos mal que Akira se quedó en el camión porque al cabo de minutos ya teníamos como a más de una decena de niños liándola a nuestro alrededor. Era de esperar… ja,ja,ja

Las mujeres estaban al sol en el portal de sus casitas. Algunas, las más tímidas, al vernos con las cámaras, se entremetieron en sus casas. Otras, no se sintieron tan cortadas y pudimos hablar y reir un poco con ellas. La excitación y el número de los niños iba en aumento así que decidimos después de un rato de pasear, dar por finalizada la excursión. Cuando ya nos íbamos, uno de los niños, el que había estado incordiando todo el tiempo, cogió una piedra con intención de tirarla contra el camión. Sebas le vió y con cara de mosqueo le gritó en francés algo así como: No se te ocurra, que te caliento el culo!! El niño soltó la piedra al instante. Siempre tiene que haber “el tonto del pueblo”!.

Una mujer encantadora con la que reimos un rato.
Una mujer encantadora con la que reimos un rato.

Después de comer continuamos el viaje. Cuando nos acercábamos a las montañas, de repente, la carretera desapareció y se transformó en una destrozada pista llena de agujeros como cráteres. Nos lo tomamos con calma y filosofía y fuimos poco a poco avanzando sin prisa pero sin pausa. Para cuando ya todo este desastre montañoso había terminado y la carretera ya era de nuevo una carretera, ya eran sobre las cinco así que buscamos un bonito enclave para pasar la escasa hora que quedaba de sol y la noche. La maravillosa luz de la puesta de sol que la naturaleza nos regaló, compensó con creces todo el esfuerzo realizado.

Puesta de sol entre montañas y desierto de hammada.
Puesta de sol entre montañas y desierto de hammada.

Nos levantamos muy temprano, desayunamos y carretera y manta  dirección Tata. Enseguida vimos que la ruta iba a estar muy chula. Los pequeños pueblitos que nos encontrábamos eran deliciosos. Paramos un rato en uno para hacer unas fotillos. No había prácticamente nadie en las calles y las pocas almas que ya se habían levantado nos saludaban amablemente un pelín extrañados de que hubiéramos parado a fotografiar su pueblo.

Cómo me gustan estos pequeños pueblitos de barro!
Cómo me gustan estos pequeños pueblitos de barro!

Encontramos muchísimos pueblitos de barro durante todo el camino. Avanzamos bastantes kilómetros hasta que nos topamos con otro que nos sedujo poderosamente. Decidimos por unanimidad volver a parar y aventurarnos a dar un paseo por el pueblo y tirar unas fotos.

Aparcamos al chiquitín en la plaza del pueblo, dejamos a Akira dentro para que no la liara y nos fuimos a pasear. Como era sábado no había mucha gente por la calle y estaba tranquilo. Perfecto. Saludamos a los hombres mayores que estaban por allí matando la mañana y fuimos a dar una vuelta por las estrechas callejuelas de barro. Algunos niños se nos fueron sumando pero en cuanto el listo empezó a incordiar, un chico ya más mayor que pasaba por allí le llamó la atención y desaparecieron como por arte de magia. Nos seguían por otras calles jugando y gritándonos pero manteniendo las distancias.

Estuvimos un rato explorando los recovecos del pueblito, compramos pan y alguna cosita más en la tienda y después de despedirnos de todos y darles gracias por la hospitalidad, continuamos la marcha.

Casas de barro
Casas de barro
Colorida fachada
Colorida fachada

Por la tarde encontramos un enclave alucinante y nos paramos un rato a estirar todos las piernas. Montañas desnudas, un pueblo de barro con su mezquita colgando del acantilado y, justo debajo del altísimo acantilado, el río con el frondoso palmeral abriéndose paso implacable. Precioso!!. Lo bueno de estas rutas es que a cada paso algo espectacular te sorprende y te deja con la boca abierta.

Dormimos por allí en medio de la nada antes de Tata y por la mañana seguimos dirección Tiznit. Pasamos Tata y paramos un rato para pasear con Akira. Sebas se fue con ella y yo me quedé por allí cerca del camión jugando con la cámara. En esto que la mujer de una casa relativamente cercana viene a verme con su niño pequeño. Nos saludamos y comenzamos a hablar ella en su idioma y yo en el mío (raro pero divertido). Le pregunto como puedo si vive allí en aquella casa solitaria y me entiende y me dice que sí. Juego un rato con el niño y seguimos riéndonos y tratando de comunicarnos. Cuando ella vino yo estaba haciendo fotos, para variar, a una acacia muy guapa que había por allí. Se las enseño y se muere de la risa. Quiere que les haga una foto ja,ja,ja yeeepa!! Vale!! Yo encantada. Se las hago, se las enseño y una sonrisa alucinante ilumina su rostro. En esto vienen Sebas y Akira, le digo que es mi marido y lo entiende. Sebas trata de hablarle en francés pero nada, no entiende. Estamos un ratito más con ellos mientras Akira juega con el niño. Nos despedimos estrechándonos las manos seguido de un toque con la mano derecha en el corazón y nos vamos (Son la mujer y el niño de la primera foto).

Retomamos de nuevo el camino y avanzamos unos cuantos kilómetros. En esto que llegamos a un pueblecito y es su día de mercado. Ole!! Aquí nos bajamos!!. Estaba lleno de gente, sobre todo mujeres con el traje típico de la zona. Dejamos a Akira en el camión, cogemos las cámaras y nos metemos en medio del lío. Somos bien recibidos, aunque con mucha expectación como es normal, así que todo para adelante!. Intentamos tirar alguna foto disimuladamente mientras contemplamos los diferentes puestitos de verduras, los niños jugando como locos, las mujeres comprando y hablando en corrillos, los hombres al frente de los puestecitos… Complicado, muy complicado, no queremos problemas… así que simplemente nos dedicamos a disfrutar de la compañía de la simpática gente.

Día de mercado
Día de mercado
Las mujeres guapísimas con sus mejores trajes
Las mujeres guapísimas con sus mejores trajes
Verduras gigantescas y a mogollón
Verduras gigantescas y a mogollón

Seguimos la ruta y nos paramos a comer en Bouizakarne. Cada día después de comer solemos coger alguna pista y meternos un poco para adentro para hacernos una tetera de té a la menta con pastas y soltar un rato a la perra. Nos encanta este ratito!! Este día iba a ser nefasto ya que en cuanto volvimos a retomar la carretera Sebas notó que habíamos pinchado. Primer pinchazo del viaje!! Vale, tranquilidad. Toca levantar el camión, quitar la rueda, bajar la de repuesto de la baca y colocarla. Colocamos los triángulos y un montón de piedras en medio de la carretera para avisar a los vehículos que vienen y empezamos a aflojar los tornillos de la rueda. Nada, hay algunos que no salen ni de casualidad. Están durísimos!! Ni subiéndome yo encima de la barra y pegando saltos para ayudar a girar… no había manera. La barra que tenemos se dobla al segundo empujón de Sebastián. Encima el gato no funciona, no sube el camión… Bravo! Se nota que no pinchamos mucho ja,ja,ja Sebas decide parar a un camión. El camionero se para al instante y al momento otro camión con dos chicos también se para, por propia iniciativa, para echar una mano. Son una pasada esta gente!!

Sacan una super barra y un super gato y haciendo bastante fuerza en unos minutos la rueda pinchada ya está fuera y se ponen a montar una de las de repuesto. Con la rueda ya cambiada, decidimos volver a Bouizakarne para arreglar el pinchazo en vez de continuar.  Para cuando terminan el trabajo ya es casi de noche y decidimos quedarnos a dormir a las afueras del pueblo. Estamos bastante cansados y hambrientos. Mañana será otro día. Tenemos claro que en cuanto lleguemos a Tiznit tenemos que comprar un gato nuevo y una barra como Dios manda… Qué desastrillos ja,ja,ja!!

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