Qué ver en M'Hamid

Dunas en el Erg Lihoudi, M´Hamid
Mhamid, qué ver en la puerta del desierto del Sahara, Marruecos

La verdad es que estábamos un poco frustrados por no haber podido disfrutar de las arenas del Sahara en Merzouga. Si es que tenemos mala suerte: no está Youssef, hay tormenta de arena y nos tenemos que pirar… Bueno, que no decaiga la fiesta! Nos pegaremos un homenaje en los Ergs de Mhamid. La puerta del Sahara marroquí! Allá vamos! Y que no sople Eolo por allí abajo otra vez que…

Cogimos la nacional 12 que nos llevaría hasta Zagora. Teníamos curiosidad por hacer esta ruta en vez de la de arriba hasta Ouarzazate que fue la que hicimos el año pasado y no nos equivocamos. Para mí fue una de las etapas más bonitas del viaje. Sobre todo la primera parte. El paisaje era espectacular. El sol había quemado el terreno pedregoso y presentaba un color marrón casi negruzco que fuertemente contrastaba con el intenso azul del cielo. Además, todo estaba plagado de mágicas acacias. Era un bucólico paisaje típicamente saheliano. Impresionante! Me recordaba a Malí.

Encontramos un enclave increíblemente bello y nos plantamos a pasar la tarde-noche. Al cabo de un rato, y aunque os parezca mentira esto ocurre casi siempre, aparecen 3 chavales diciéndonos, en español perfecto para más inri, que habían montado un camping cerca de allí y que si queríamos ir… Osea, allí en medio de la nada más nada entre las nadas, te paras, te metes para adentro siguiendo una pista y al cabo de un rato, como por arte de magia, aparece gente. Alucinante, no? Recuerdo que le decía a Sebas entre risas: No me lo puedo creer! Pues sí, esto ocurre y bastante a menudo. Parece que estás allí sólo en el mundo, que no hay ni un alma en kilómetros… pero es eso, sólo lo parece, en realidad no lo estás. Les comentamos a los chicos que no habíamos visto ninguna señal de camping, aunque, la verdad, tampoco la habíamos buscado. Nos explican que “sí que hay señal, que han puesto una piedra!”. Nos reímos a carcajadas y les recomendamos que pongan una señal como Dios, o Allah, manda, si es que quieren que la gente se entere de que están allí. Charlamos un rato más y les despedimos. Pasamos una tarde-noche memorable rodeados de montañas y acacias.  El sonido del silencio nos meció a la hora de conciliar el sueño.

Paisaje saheliano entre Rissani y Zagora
Paisaje saheliano entre Rissani y Zagora
El chiquitín donde más le gusta estar!
El chiquitín donde más le gusta estar!

Al medio día más o menos llegamos a Zagora. Los últimos 80/90 kms fueron de pista dura con “tole ondule”, pero una vez pillada su velocidad, se podía avanzar a buen ritmo. Se nos hizo larguísimo y pesadísimo. Recuerdo perfectamente que teníamos un hambre de lobo y queríamos llegar como fuera. Esas cosas no las olvido, me refiero a las concernientes a mi estómago ja,ja,ja

Después de ponernos hasta arriba de suculentos manjares marroquíes y de hacer unas compras para la cena y el desayuno, nos dirigimos al Camping de la Palmeraie d´Amezrou que es donde solemos quedarnos en Zagora. A la mañana siguiente, cogimos la carretera nacional 9 todo para abajo dirección Mhamid. La segunda y para mí más auténtica puerta del Sahara en Marruecos. La carretera es super estrecha. Sólo cabe un vehículo. Así que cada vez que te cruzas con uno, que es a menudo, toca avanzar con medio vehículo por el “arcén”. Sebas se lo pasó muy bien jugando a ver quién sacaba la rueda: “Eh, que tu llevas coche de alquiler y no es tuyo. Para fuera!”, “Vaya, veo que vas cargado hasta los topes. Ya me salgo yo!”, “Mira que con esa tastarra vas a dejar medio coche. Ya me salo yo!” “Guirilandia en viaje organizado en 4x4s. Saca tú la rueda majo!” “Que has bajado la velocidad y vas a sacarla un poco. Pues nos salimos un poquito cada uno” A mí no me hacía tanta gracia el jueguecito ja,ja,ja

Cerca de Tamegroute están las Dunas de Tinfou. Unas pequeñas dunas muy monas. Paramos un rato para que Akira corriera un rato y de paso tiramos alguna foto, aunque no era la mejor hora de luz ciertamente.

Dunas de Tinfou cerca de Zagora. Bueno, tan pequeñas no son!
Dunas de Tinfou cerca de Zagora. Bueno, tan pequeñas no son!
Este es un niño muy majetón con el que estuvimos hablando un rato en las dunas de Tinfou y Akira estuvo jungando con él. Se gustaron mucho! Zagora
Este es un niño muy majetón con el que estuvimos hablando un rato en las dunas de Tinfou y Akira estuvo jungando con él. Se gustaron mucho! Zagora

Nos encontramos con un niño que nos quería vender el típico paseo en camello. Estuvimos un buen rato hablando con él y nos contó que estaban aburridísimos y que no había ni las ratas. Akira se encariñó con él y no paraba de jugar a su alrededor, liarse con su traje, olfatearle los pies. El niño se moría de la risa ante toda la puesta en escena de la genial Akira. La verdad es que pasamos un rato muy divertido.

Camellitos en el oasis. M´Hamid
Camellitos en el oasis. M´Hamid

Paramos a comer en Tagounite y continuamos camino otros tantos kilómetros hasta Mhamid, el final de la carretera nacional 9, después sólo el gran desierto del Sahara. Para cuando llegamos ya serían las 4 y 1/2 o así, así que localizamos el Camping Auberge El Khaima. Una vez localizado, nos fuimos a desconectar a un oasis cercano. Nos dimos un super paseo por las dunas, nos fumamos unos cigarritos, jugamos con la perra e hicimos alguna fotillo. Todo lo que sea pero lejos del chiquitín. Uf, habíamos acabado saturados de tanta carretera! Nos pasa a menudo. Nos gusta parar, bajar y andar. Tanto coche acaba aburriendo, al menos a nosotros.

Disfrutando de la arena! Erg del Judío, M´Hamid
Disfrutando de la arena! Erg del Judío, M´Hamid

Al día siguiente planeamos ir a ver el Erg Lihoudi con dunas de 100 metros de alto. Como no teníamos ni idea de por dónde se iba, tocaba preguntar. El del camping no estaba y ya no podíamos esperarle más (de hecho no pudimos ni pagar) así que como paramos a comprar pan le preguntamos al de la tienda. Nos indicó “más o menos” la zona por dónde salían las pistas (bastante antes de llegar a Mhamid) y allá que nos fuimos. Pillamos una cualquiera y para dentro hasta que comenzamos a ver el Erg a lo lejos. Encontramos a una autocaravana y una camper aparcadas bastante antes del Erg. Me imagino que no podían llegar hasta la arena sin dejar por el camino medio vehículo porque si no, no entiendo quedarse plantado allí cuando lo chulo es el mar de dunas y más ahora que no había nadie y lo tienes todo para ti.

El desierto todo para nosotros! Erg del Judío, M´Hamid
El desierto todo para nosotros! Erg del Judío, M´Hamid

Al cabo de un rato de pistear llegamos a las dunas. Buscamos un enclave chulo para montar el campamento y nos plantamos. No fue muy difícil encontrarlo porque no había absolutamente nadie a parte de los cuatro chicos que cuidaban de los vivacs montados para los turistas. Nos explicaron que también había hecho viento unos días atrás y que se había vaciado de turistas que llegarían para las fiestas de Navidad. Encargamos un tajine para comer y nos fuimos a hacer la cabra por las dunas. Akira como una auténtica loca corriendo como poseída duna arriba duna abajo. Los chicos partiéndose de risa con la perra. Nosotros, tres cuartos de lo mismo retorcidos por el suelo. Lo pasamos divino de la muerte!

Mola ir duna arriba duna abajo! Erg del Judío, M´Hamid
Mola ir duna arriba duna abajo! Erg del Judío, M´Hamid

Por la tarde estuvimos paseando por las dunas para hacer fotos a la hora buena de luz y disfrutando extasiados de la puesta de sol. Cuando se hizo ya de noche bajamos al campamento algo cansados. La arena cansa. Editamos el material, preparamos té a la menta, la cena, un rato de internet y pronto a la cama que al día siguiente tocaba levantarse antes de amanecer.

Akira de Arabia! Erg del Judío, M´Hamid
Akira de Arabia! Erg del Judío, M´Hamid

Sonó el despertador y saltamos de la cama locos por volver a las dunas. Nos lavamos la cara como los gatos, nos pusimos la ropa encima de la de dormir, cogimos el equipo que ya habíamos dejado previamente preparado la noche anterior y salimos corriendo los tres. Allí estaba toda esa masa gigantesca de arena esperándonos de nuevo! Qué afortunados los que cada mañana se levantan con este espectáculo natural delante de sus ojos!

El mar de arena. Erg del Judío, M´Hamid
El mar de arena. Erg del Judío, M´Hamid

Foteamos y disfrutamos como niños hasta un rato después de la salida del sol. Luego poco a poco fuimos desayunando, vistiéndonos y preparando todo para la partida. Con mucha muchísima pena nos despedimos de este lugar asombroso y de los chicos de los vivacs. Especialmente Akira que, literalmente, no quería irse. No quería subir al camión ja,ja,ja yo creo que decía: pero a dónde vais locos? que aquí se está de miedo!! ja,ja,ja Y en parte tenía razón…

Cogimos la pista de nuevo hacia Mhamid. Fuimos al camping a pagar la noche que pasamos ( el tío flipaba de que habíamos vuelto y nos regaló como un pan relleno ja,ja,ja) y después nos dejamos caer por un par de Ksars para hacer unas cuantas fotos. La gente, como siempre, no quería cámaras así que tocó respetar. Estuvimos un rato paseando entre paredes de adobe muy bien conservadas y viendo la lenta vida de la gente local.

Ksar tradicional. M´Hamid
Ksar tradicional. M´Hamid

Como ya los gusanos estomacales empezaban a dar guerra, buscamos un restaurante en el centro para calmarlos. Comimos, compramos pan y algunas cosas más que nos hacían falta y nos despedimos de Mhamid. Nos hubiera gustado mucho quedarnos más pero otros lugares nos esperaban también con los brazos abiertos. Había que continuar la ruta. ¿Quién tuviera todo el tiempo del mundo?.

Calles del centro de M´Hamid.

Mhamid, la otra puerta del desierto del Sahara marroquí, aunque recibe muchísimos menos visitantes que Merzouga, es muchísimo más “auténtico”. Dejamos un pedacito de nuestro corazón enterrado en sus doradas arenas. Un día volveremos a recogerlo. Seguro! 🙂

Si te apetece ver más fotos que sacamos en Mhamid, puedes hacerlo aquí

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