Africa Occidental 07/08

25.000 kms. por territorio africano.

Acabamos de regresar de un viaje de 4 meses por Africa Occidental.
Salimos de Ibiza el 1 de Noviembre del 2007 y hemos regresado a la isla el 1 de Marzo del 2008.
En estos 4 meses hemos recorrido España, Marruecos, Mauritania, Mali, Burkina Faso y Ghana.

En este viaje nos han acompañado nuestra perrita Fez (encontrada en Marruecos a finales del 2005 cuando sólo contaba con 2 meses de vida) y nuestro camión-vivienda (un Iveco Turbo Daily 4×4) llamado cariñosamente “el chiquitín“. Los dos se han portado a las mil maravillas. Fez ha disfrutado como una posesa subiéndose por las dunas, persiguiendo cuervos, gaviotas, ovejas, cabras y, en general, todo bitxo que encontraba, jugando con la pelota y ladrando a diestro y siniestro (en especial a los polis y milis de los controles). También ha cumplido perfectamente su misión de avisarnos si había merodeadores nocturnos o diurnos y de no permitir que nadie se acercara al camión en nuestra ausencia. Bueno, y qué decir del “chiquitín”, ni el más mínimo problema de ningún tipo en 25.000 kms, ha sido una verdadera gozada viajar con él, era el primer viaje que realizábamos en un vehículo de estas características y una vez probado no queremos nada más. Independencia y libertad total para ir donde quieras (pasa por todo) y pararte donde te de la gana (no te hacen falta campings), una visibilidad alucinante al ir tan alto, supercómodo, una auténtica pasada!.

Siento que las fotos sean tan malas pero perdimos todo el equipo fotográfico en el viaje en moto por India y están hechas con una pequeña camarita casi de juguete que había por casa…

PAISES VISITADOS:
ESPAÑA

IDA. Salimos de Ibiza el día 1 y nos dirigimos hacia el Pirineo Aragonés para visitar el monasterio budista de Panillo (Huesca) http://www.dagshangkagyu.com/ y localidades cercanas como Graus. De aquí directos a visitar a la familia en Villaseca (La Rioja) y después de unos agradables días de reencuentro familiar iniciamos la bajada hacia el continente negro con la despensa bien llena de comida y demás provisiones para el viaje. Son los primeros kms. con el chiquitín y estamos tomándole las medidas y familiarizándonos con él, la verdad es que se conduce muy fácilmente a pesar de sus grandes dimensiones y resulta genial tener tu propia cama, wc, ducha, cocina y demás comodidades a las que no estábamos acostumbrados en nuestros viajes al continente africano. En Algeciras embarcamos en un ferry de Acciona rumbo a Ceuta

VUELTA. A la vuelta había un temporal de Levante del carajo en Ceuta (el peor en 5 años según los lugareños) y tuvimos que esperar un par de días a que amainase para poder coger un rápido ya que estos estaban cancelados. Subimos de nuevo a ver a la familia parando en Algeciras, Tarifa, Cadiz, Córdoba, Sevilla y Madrid. Después de pasar una semana con ellos, otra vez para abajo parando en Madrid primero y luego en Denia para coger el ferry a Ibiza.

MARRUECOS:

IDA. Entramos en Marruecos por Ceuta sellamos el pasaporte, arreglamos los papeles de importación temporal del chiquitín y nos dirigimos a Xauen. De aquí empezamos a bajar por la carretera de la costa hasta Casablanca donde paramos para sacar el visado para Mauritania. Cuando llegamos nos enteramos de que el visado ya no se sacaba allí sino en Rabat y de que incluso el camping que antes había enfrente había cerrado las puertas. Ante esto decidimos tirar para abajo y conseguir el visado para RIM en la frontera. En nuestro camino hacemos parada en la bohemia Essaouira meca del kite y windsurf, en la turística Agadir y sus playas surferas, en Tan Tan y por fin en Dajla. Después de un par de días de relax en Dajla partimos con dirección a Mauritania.

VUELTA. Salimos de Mauritania más rápidamente de lo que entramos, pero nuestro gozó cayó en un pozo ante la lentitud burocrática en la frontera marroquí y los numerosos chequeos que tuvimos que padecer (otras veces no nos habían mirado el coche por dentro)

Bueno, ya dentro de Marruecos nos dimos un festín de comida, la verdad es que en los meses anteriores habíamos comido pocas veces “rico, rico” como diría mi paisano Arguiñano y teníamos mucha gulilla.
Llegamos a Dajla, y nos tiramos 5 días paraditos comiendo todo tipo de exquisiteces marroquíes, bebiendo te a la menta, jugando con Fez y el noviete que se echó, leyendo las noticias en internet, paseando, charlando.
Por cierto que tratándonos de informar en internet sobre los resultados del Dakar nos enteramos que éste se había suspendido por “amenazas terroristas” en Mauritania y que en este mismo país en Navidades “unos bandidos” ejem, ejem, (bandidos con barba diría yo mejor) habían matado a miembros de una familia francesa que tranquilamente desayunaba con sus niños a la orilla de la carretera por la zona de Aleg. ¡¡¡Qué cara se nos quedó a los dos!!! ¡¡No dábamos crédito a lo que leíamos!!, todavía me recuerdo a mí misma con la boca abierta mirando a Sebastián mientras una especie de calor intenso me recorría en un instante todo el cuerpo
Les tocó a ellos pero podíamos haber sido cualquiera, nosotros mismos, y es que todo el mundo que baja a Africa con su cacharro acampa tranquilamente cada tarde al lado de la carretera. Nos sentimos muy muy tristes después de leer todo eso, ¡¡cuando se va a acabar todo este tema!!
De Dajla comenzamos a subir visitando de nuevo Agadir, Essauira, Marrakech, Ait-Benhadou, Valle del Dades, Garganta del Todra, Er-Rachidia, Mequinez etc..
MAURITANIA:

IDA. Entramos en Mauritania después de haber tenido unos problemillas para salir de Marruecos por llevar matrículas verdes, osea temporales, pero gracias a la perseverancia, la experiencia y el don de gentes de Sebastián, sólo ocurrió que tardamos un poquito más al hacer los trámites pero todo salió a las mil maravillas y salimos de Marruecos como todos los demás.

Los mauritanos han construido un puesto fronterizo nuevo muy majo, atrás quedaron las cutre chabolillas de antaño. No tuvimos ningún problema para hacer el papeleo, pasamos rápidamente la revisión del vehículo (lo que buscan realmente es si llevas alcohol, para poder confiscarlo y hacerse ellos una fiestecita) y aunque, como siempre, nos pidieron el regalito de turno esta vez no soltamos ni prenda, la última vez les pasamos un poco de menta y una botella grande de agua mineral (que no se le niega a nadie).

En Nouadhibou dormimos aparcados enfrente del hospital y delante de unas farmacias. Como llegamos de noche y no se veía ni torta no encontramos ningún camping así que nos plantamos en la calle. A la mañana siguiente hicimos el seguro, compramos provisiones y nos largamos en cuanto pudimos de esa ciudad.
Bajamos hasta la capital estrenando carretera (era la primera vez que bajábamos desde que construyeron la flamante autopista Nouad. – Nouak.) y después de estar un buen rato dando vueltas perdidos por los mercados, encontramos el ministerio donde alargamos el visado, comimos genial en Le Prince, compramos cosillas para los siguientes días y después de recoger los pasaportes y pasar la noche en un camping en la playa (infectado de las moscas más grandes y asquerosas que he visto en mi vida) salimos dirección Ayoun el Atrous pasando por Aleg, Kiffa y Tintane (inundado y con la gente acinada en campamentos montados por ongs).
En la época en que hicimos la bajada el desierto estaba “amarillo”, precioso, parecía un campo de cultivo de cereales, fue flipante ver ese montón de vegetación, los animales gorditos y la gente feliz. Lo malo fue que la carretera estaba sembrada de cadáveres de burritos, vacas, cabras, camellos. Imaginamos que los pobres no están acostumbrados a tanto coche y los mauritanos con sus Mercedes están estrenando carretera, osea, que bajan a toda pastilla y no les da tiempo a frenar cuando un pobre animalillo despistado se les cruza en su camino.
Lo pasamos bastante mal en ese sentido, demasiada muerte en tan poco espacio.
Cruzamos a Mali por la ruta Ayoun el Atrous, Kobenni, Gogui, Nioro (ya en Mali). Todo el camino fue precioso. La carretera subía y bajaba sin cesar como si de una montaña rusa se tratara. En las hondonadas, estrategicamente situados para resguardarse del temible viento del desierto, descansaban los poblados. Grupos de casas dispersas y muy pequeñas en forma de cubo y hechas de obra que al lado tenían una jaima abierta por los costados donde la gente se tumba a la sombra y disfruta de la brisa que la atraviesa. Cuando el viento es demasiado fuerte, los mauritanos se resguardan en sus pequeñas casas y los poblados son recorridos por un halo fantasmal.

VUELTA. Entramos en Mauritania por el mismo sitio que a la ida osea Gogui-Kobeni (pedimos visado de 5 días para no tener que alargarlo en Nouakchott) y otra vez allí (en el lado mauritano) estaban los incordiosos niños y no tan niños que no tenían nada mejor que hacer que pegarse a los cristales del camión e imitar los ladridos de un perro con el único fin de que Fez se pusiera nerviosa y ladrara también, todo ello bajo la mirada de adultos que simplemente pasaban o se reían. De la misma forma que ocurrió a la ida, nos tocaron las narices de lo lindo y tuvimos que pegar algún que otro grito. La pobreza no es disculpa para la estupidez y los malos modos, por decirlo suavemente.

Continuamos nuestro camino dirección Ayoun el Atrous, Tintane, Kiffa y Aleg pasando alguna que otra tranquila noche en medio. El paisaje había cambiado notablemente con respecto a la bajada, ya no estaba cubierto de paja amarilla y vegetación verde, el desierto se mostraba en todo su esplendor a veces blanco y las más rosado. Hizo casi todo el tiempo muchísimo viento por lo que la atmósfera estaba muy densa y no había una buena visibilidad para sacar fotos aunque sí para poder conducir sin problemas.
Llegamos a Nouakchott, nos dimos un festín en Le Prince y después de comprar provisiones fuimos a buscar un sitio donde nos arreglaran el pinchazo de una rueda que habíamos cambiado por el camino.
Pues resulta que encontramos a un listillo que después de arreglarla con nuestra ayuda y herramientas nos pedía como 10 ó 15 € por el trabajo (fue la única vez que no acordamos el precio antes de nada). Sebastián le ofrece el precio que tocaba por la experiencia de alguna que otra vez y el tío que no y que no. El sólo estaba dispuesto a bajar el equivalente a 1 €. Al final a Sebastián se le llenaron las narices (por estas fechas ya estábamos bastante hartitos de ser “un dolar con patas” como decimos nosotros) y le gritó que nos íbamos directamente a la policía pero en vez de eso tiramos a buen ritmo en dirección a Nouadhibou y cuando ya habíamos hecho unos 60 km y teníamos por seguro que no venía nadie detrás, decidimos salirnos de la carretera y plantar campamento en el primer sitio duro que vimos.
Salimos de Mauritania sin ningún contratiempo, hasta los polis y milis de los controles nos preguntaban por Fez (que al final del viaje pasaba de ellos y dormía plácidamente en su butaca) y entramos de nuevo en Marruecos.

MALI:

IDA. Mali era quizás el país que nos hacía más ilusión visitar. Yo no había estado nunca allí pero Sebastián se había cansado de contarme aventurillas de esas que ahora ya no se pueden vivir con la llegada de la globalización, el turismo de masas y todas sus terribles consecuencias, pero que en los años 70 y 80 sí, ya que eran cuatro “locos” los que se dejaban caer por esas tierras.

Sebastián estuvo la última vez en el 2000/1 y ya la cosa había cambiado bastante. A peor claro está!  Yo la verdad es que estaba muy emocionada, de hecho me había negado en rotundo a mirar fotografías de sitios como el País Dogon por ejemplo, quería que la primera vez que lo viera fuera con mis propios ojos, quería quedarme con la boca abierta de par en par ante lo que tenía ante mí.
Yo normalmente suelo viajar antes, durante y después, pero en este caso, en el antes me limité a leer, no traté de encontrar fotos o documentales que me pusieran los dientes largos ya que ya estaban así, osea, largos, desde que conocí a Sebastián hace ya la friolera de seis años. De todas formas tengo que decir que ya estaba avisada de que no me iba a encontrar a la gente de las diferentes tribus andando por ahí con “taparabos” el arco y la flecha.
Bueno, con enorme emoción entramos en Mali por la mañana temprano por el puesto fronterizo de Gogui y en él sacamos los visados e hicimos el seguro para el camión para toda nuestra estancia en Mali y Burkina. Tiramos dirección Nioro ya que allí debíamos sellar con la policía y aprovechamos para cambiar dinero (en la farmacia) y comer spaguettis en un puestecillo con un montón de niños que se nos fueron sumando.
Después empezamos a bajar por la nueva carretera con dirección Bamako pasando por Diema y Didieni.
Antes de llegar a este pueblo quedaban todavía unos kms sin asfaltar bastante incordiosos que se hacen por una pista alternativa llena de fes fes. Como tienen bastante tráfico de camiones y autobuses que van con prisa, pues la pista está llena de nuestra amada “tolo ondule”.
En este tramo sin asfaltar nos pasó una anécdota muy graciosa y es que coincidimos con la época en la que los Fulani (pastores seminómadas) bajan de Mauritania para juntarse en esta zona, entonces casi todo el rato al lado nuestro iba alguna caravana familiar con mujeres, niños, carros tirados por burritos cargados con sus enseres y algunos animales, pues bien, en una de éstas vemos en medio de la pista a una niña Fulani de unos 7 años sola llorando desconsoladamente porque el burrito que tenía al cargo había perdido la carga que transportaba y, obviamente, ella no podía volver a colocarla en su sitio.
Bueno, ante esta estampa decidimos parar a consolar a la niña que lloraba como una magdalena y, ya puestos, coger el saco para ponerlo encima del burrito. El problema fue que ni nosotros podíamos con el puñetero saco, a lo cual la niña respondió llorando todavía más. Ya que habíamos parado para ayudar algo teníamos que hacer así que ni cortos ni perezosos no se nos ocurrió otra cosa que parar al primer coche que pasaba. Eran dos malienses que nos parecieron de clase alta a juzgar por el todoterreno que llevaban y cómo iban vestidos. Sebastian les explicó lo que pasaba y muy amablemente le ayudaron enseguida con el saco mientras yo me quedaba con la niña que, al ver que habíamos conseguido refuerzos, se empezó a calmar. En ese mismo momento vimos que se acercaba andando un hombre Peul/Fula/Fulani que resultó ser el padre de la niña el cual nos tendió la mano a todos al tiempo que nos agradecía con una inmensa sonrisa en la cara el haber ayudado a su niña.
Igual de felices que el padre nos subimos al camión y reanudamos nuestro camino.
En Kolokani paramos a comprar Coca- Cola en bolsa (era para llevar) y nos dimos cuenta que habíamos pinchado (realmente no pinchamos, fue que en Ibiza al montar las ruedas con cámaras no quitaron las etiquetas de plástico y éstas con el rodaje y los baches pinchaban la cámara. Pasó esto mismo con casi todas las ruedas). Recuerdo que lo pasamos genial con la gente arreglando el pinchazo. Recuerdo que era día de mercado y la ciudad estaba superanimada, compramos sandía y cigarrillos y comimos y fumamos todos. Con la rueda arreglada seguimos dirección Nosombougou, Kati y por fin Bamako.
En Bamako aprovechamos para hacer compras, sacar el visado de Burkina, cambiar dinero y lavar y hacer el mantenimiento del chiquitín. La ciudad es muy grande y es díficil orientarse al principio. Como siempre, acabamos en medio del mercado al tratar de encontrar el sitio donde pretendíamos alojarnos (Mission Catholique). Después de un buen rato de dar vueltas por fin dimos con él pero enseguida nos dimos cuenta que el camión no entraba por la puerta así que había que improvisar otro sitio en el que quedarse. Al final encontramos un camping de un francés y nos quedamos allí. Los dos días siguientes los pasamos en Bamako.
Con todo lo que debíamos hacer en Bamako realizado, partimos dirección Segou. Aquí tuvimos una movida con un poli que nos quería sacar pasta. Decía que habíamos hecho un stop donde no se podía parar. Claro, según él, era mejor solución llevarse por delante al hombre en bicicleta que venía, que ceder el paso en ese punto. Al final acabamos en la comisaría. Pero no le salió bien la jugada y no vio ni un duro je, je. Cuanta corrupción hay en estos países, si se terminara con ella otro gallo cantaría.
Comimos bien aunque caro en L`Auberge, vimos una exposición de pintura y exploramos la ciudad.
Nuestro siguiente destino era Djenne pero antes paramos en San para ver su mezquita blanca que, la verdad, no mereció mucho la pena, pero comimos muy bien y barato en el Restaurant Teriya.
El día siguiente era lunes y por tanto mercado en Djenne. Llegamos tempranito por la mañana, aparcamos al chiquitín al lado de Le Campement debajo de los árboles bien a la sombrita y nos lanzamos a explorar. Desde que llegamos un niño se nos pegó y no se separaba de nosotros. Quería ser nuestro guía, al final nos aburrió tanto que le apodamos “loctite” y le dejamos que hiciera su trabajo.
Pasamos un día genial paseando por el pueblo, jugando con los niños, sacando foticos y filmando. El mercado no es lo que era pero todavía tiene bastante vida y da mucho colorido a la mezquita la cual me resultó simplemente deliciosa. Comimos muy bien en Le Campement que estaba a tope de grupos y viajeros independientes. Como pudimos comprobar al día siguiente, Djenne sin el mercado pierde mucho así que recomendamos venir en lunes.
Contentos partimos hacia Sevare eje vertebrador de los caminos que van a Mopti, el País Dogón y Hombori.
Allí visitamos a unas catalanas que tienen montado uno de los mejores hoteles de la zona. Tomamos una Coca-Cola, saludamos a la que estaba en ese momento pero como, obviamente, no era de nuestro estilo (ellas trabajan con grupos) nos fuimos a buscarnos nuestro sitio de acampada. Al día siguiente, comiendo en un restaurante senegalés nos entraron dos tíos del tipo “yo guía del País Dogón” como nosotros ya teníamos pensado coger a alguien porque Sebastián quería que lo viéramos bien, con buena información y tal, pues les hicimos algo de caso.
Después de horas de regatear llegamos a un acuerdo monetario y quedamos para salir al día siguiente los tres con el chiquitín.
La ruta que acordamos fue Sevare-Bandiagara-Djiguibombo-Kani Kombolé-Teli-Ende-Yaba Talu-Doundouru-Nombori-Idjeli-Komokani-Tireli-Amani-Ireli-Banani-Gogoli-Sanga en tres días completos.
Esa misma tarde Sebastián, jugando con Fez, se rasgó el ojo con una acacia y no tuvo mejor idea que restregarlo un poquillo a ver si mejoraba la cosa. Como era de esperar, al día siguiente por la mañana el ojo daba pena verlo. Por haberlo tocado tanto, se había hecho una herida ( pedazo de punto rojo que tenía) y encima lo había infectado. El resultado fue que tuvimos que estar atascados en Sevare como una semana con visita al hospital incluida.
Isadolo, el “yo guía”, estuvo todo el tiempo encima de nosotros. Tenía la muñeca fatal de una caída con la moto y Sebastián le dió pomada y se la vendó durante toda la semana. La estancia en Sevare fue agradable, aprovechamos para descansar, comer bien y hablar con Paul, un belga que hacía de manager del hotel en el que estábamos aparcados (hotel Via Via) durante seis meses al año. Nos contaba que había sido contratado para subir el nivel de calidad del hotel pero que debido al personal le resultaba prácticamente imposible.
En el hotel también conocimos a una parejita de Zarautz que estaban por allí unos días para hacer trekking en territorio dogon y escalar lo que pudieran en Hombori.
Isa estaba todo el tiempo detrás de nosotros sin necesidad alguna ya que nosotros le habíamos contratado por 3 días que duraría el viaje por el País Dogón. Nos preguntábamos por qué sería.
Bueno, al final ya llegó el día y muy ilusionados salimos los tres en el camión hacia el País Dogón. Sebastián siempre me contaba batallitas de hace veinte años con los dogones y aunque en el 2000 cuando estuvo por última vez ya tuvo un problema con el guía y la cosa ya había cambiado, yo estaba muy ilusionada por lo que iba a ver.
Empezamos a visitar pueblos y ya en los dos primeros me di cuenta de que primero las casas no tenían ni puertas ni ventanas y si había alguna ventana ésta era una simple madera, segundo preguntábamos por la casa del hogón y nos decía que no había hogón, que el que había se había muerto (y resulta que el hogon es el encargado de transmitir la cultura dogon a los jóvenes) y que mucha de la gente como el herrero por ejemplo (muy importantes en las sociedades tribales) “se habían ido a vivir a Burkina”. Tampoco veía ninguna escalera tallada, ni poste de toguna que no fuese “de obra” ni ningún tipo de muestra de su arte (fetiches, máscaras, figuras rituales).
Yo me empecé a mosquear y se lo comenté a Sebastián a ver qué opinaba él con su experiencia. De momento pensaba lo mismo que yo. Lo mejor de todo fue cuando en el segundo pueblo nos lleva a ver la mezquita (parecida a la de Djenne pero más pequeña). Yo me moría! Si precisamente los Dogones desplazaron a los Tellem de su territorio huyendo del islam, y ahora me llevan a ver la mezquita del pueblo. Algo raro pasa. Bueno quizá es sólo en estos dos pueblos. Seguimos viendo y lo que notamos es que añadido a todo lo demás los niños eran simplemente insoportables. Todo el rato detrás gritándote, exigiéndote regalo, bic, dinero, ladrándole a Fez para que ella ladrara, en un pueblo llegaron a ponerse a golpear el camión con un palo para molestarnos a Fez y a mí que estábamos tranquilamente dentro descansando. Vamos, ¡el cachondeo padre!.
Sólo hubo un par de pueblos en el que los críos eran “normales”, los tuvimos a todos alrededor en masa (hay que tener claro que en Africa el mono somos nosotros) pero respetándonos todo el tiempo, creo que uno de ellos era Nombori.
En otro pueblo que fuimos a visitar nos llevan de tiendas. Resulta que en medio del pueblo estaba montado como un mercadillo pequeño con el arte.
Resumiendo, que si quieres ver algo de arte Dogón vete a una tienda o a un campement porque es en el único sitio en el que queda algo. Es simplemente lamentable. Imaginamos que debe estar todo en Bamako y sitios así, pero nada en “su sitio”.
Lo han vendido o lo están vendiendo todo. Y si algo se vende es porque no se usa, recordemos que el arte africano es funcional, es decir, una pieza se crea porque se necesita para algo, porque va a ser usada para algo en concreto (hacer un ritual o ceremonia, entrar en contacto con un dios o un antepasado, tapar el hueco de mi casa, subirme al granero etc.) Por ejemplo una máscara es creada para sustituir en su función a otra que se ha roto o lo que sea.
Hoy en día, con la llegada del turismo los artesanos se han puesto a fabricar “souvenirs” para turistas. Muy bonitos y tal pero la función para la que han sido creados es simplemente ser vendidas a los turistas y punto. A mí me parece genial que se hagan cosas con este fin comercial. Siempre y cuando, claro está, el que te lo vende no intente pasarte un souvenir por una pieza “bailada”. De todas formas decir que para mí las piezas “bailadas” (no quiero usar la palabra auténticas) no deberían estar en venta, deberían estar en “su sitio” y algunas de ellas expuestas en un museo ya que son parte fundamental de la herencia cultural de un pueblo y la cultura no debería estar en venta.
En el caso del País Dogon, llegamos a la conclusión de que una vez más el Islam llegó y arrasó con todo. Las piezas se venden porque ya no se usan, la gente joven dogon aparte de que son musulmanes han descubierto al dios “dinero” que llega del turismo y simplemente han perdido sus raíces culturales (han perdido el norte totalmente). La cultura Dogon ha muerto.
Continuando con la narración del viaje decir que nos quedamos un par de veces atascados con el chiquitín (por no poner la tracción total) porque había mucha arena. Nosotros íbamos por el estrecho camino que usan ellos para ir andando o en carro de pueblo a pueblo, no por la pista que va por fuera. Cuando nos quedamos atascados siempre aparecía un montón de gente pero no para ayudarte sino para pedirte dinero, medicinas etc. Sólo la primera vez, que fue en un sitio donde no se para ni Cristo, tres hombres se pusieron a ayudar sin decir nada. Las otras dos veces veinte personas alrededor contemplando la escena pero sin mover ni un dedo y luego tienes que aguantar que esos mismos te digan que les des medicinas y dinero. Sólo un hombre de mediana edad se dignó a ponerse a cavar con nosotros. Isa tampoco se molestó mucho, le dolía la mano.
Conforme iban pasando las horas iba aumentando el cabreo al ver en lo que se había convertido el País Dogon. Por fin llegamos a Sanga con ganas ya de irnos de esta zona. Acabamos simplemente hasta las narices (una pena ya que la falla y la zona en general es muy bonita). Le dijimos a Isa que viniera a cobrar su trabajo de tres días y notamos que el tío se hacía el sueco…
Bueno, nosotros aprovechamos el día siguiente para revisar el camión durante la mañana, duchar a Fez etc. y Isa venía todo el tiempo al camping a ver qué hacíamos, qué íbamos a hacer por la tarde etc. Salíamos a pasear y aparecía corriendo. Empezamos a mosquearnos. Al día siguiente había un festival dogon (que nos dijo Isa que no era para turistas) y nos pareció buena idea quedarnos a verlo. Bueno, Sebastian al final le dijo a Isa que por la tarde se pasara para hablar de lo del festival y para pagarle. Pues bien, cuando llegó el momento el tío empezó a decir que para quedarse al festival valía nosecuanto, una burrada y ya vimos que nos querían timar. Osea, no es para turistas pero la entrada cuesta xxx.
Bueno, ya hasta las narices de sentirnos “dolares con patas” y de un incidente con un niño que se subió detrás del camión y se cayó al frenar nosotros (tuvimos que lavarlo, curarlo y vendarlo, se hizo una brecha y sangraba muchísimo) acordamos que no nos quedábamos y se lo comunicamos a Isa. ¡¡Vaya cabreo que cogió!! así que Sebastián le dijo que “yo voy a donde me da la gana, comprendes”. Claro, luego entendimos su jugada, el tío quería cobrarnos los tres días acordados más todos los días que pasasemos en Sanga (uno más tres del festival) más las entradas del festival. No son listos ni nada estos tipos. Si no te la cagan a la entrada te la cagan a la salida. Es por demás, no hay solución.
Lo mejor de todo es que el tío se puso agresivo con nosotros, empezó a gritarnos y a desvariar, le daban como ataques de furia todo para ver si a nosostros nos entraba el canguele y soltábamos la pasta. Hasta que Sebastian se le acercó y le dijo”te pego una hostia que te arranco la cabeza desgraciado, coge tu dinero y lárgate de aquí”.
Esto era por la tarde-noche, al día siguiente por la mañana tempranito partimos dirección Burkina Faso (Isa apareció para decirnos que nos quedásemos. Queremos creer que arrepentido de la cagada que había hecho la noche anterior. Si es que no se puede masticar demasiada nuez de cola y encima mezclarla con alcohol).
Pasamos por Bandiagara, Ouo, Gani, Bankass y Koro. Los niños que encontramos a nuestro paso seguían gritándonos bic, cadeau etc., sólo cambió la cosa al salir del País Dogon y entrar en Burkina.
VUELTA. Entramos en Mali por Sikaso (País Senufo) y estuvimos un rato deambulando por esta ciudad. Comimos con un par de “niños de la lata”, compramos agua y algunas provisiones más y nos fuimos a acampar en un sitio tranquilo de la carretera a Bougouni.
Seguimos dirección a Bamako donde nos fuimos al supermercado y a saludar a la gente de la estación de servicio donde a la bajada habían lavado, cambiado el aceite, limpiado el filtro y engrasado al chiquitín mientras nosotros cambiábamos dinero en un banco cercano.
Las ciudades grandes no nos gustan en demasía y como no teníamos nada que hacer allí, aprovechamos para llenar de agua en la gasolinera y teniendo agua y gasolina nosotros ya lo tenemos todo.
Llevamos dos depósitos comunicados uno de unos 120l. y otro de 70l. Suficiente agua para poder ducharnos cada noche y fregar los cacharros del desayuno y de la cena (y algunas veces del mediodía) durante unos cuantos días. Siempre que ponemos gasolina y vemos que tienen agua aprovechamos y llenamos un poco. Así, siempre los llevamos casi llenos.
Ésta agua no se usa para beber ni para cocinar ya que compramos agua mineral, zumos y Coca-Cola para estos menesteres. La salud es importante.
De Bamako subimos para arriba dirección Nioro por la misma ruta que hicimos a la bajada y nos despedimos de Malí.
BURKINA FASO:

IDA. Salimos de Malí bastante tristes y decepcionados por todo lo que pasó en el País Dogón. Sebastián estaba peor que yo porque para él el País Dogón había sido un sitio en el que había pasado momentos muy bonitos hace años y ver ahora todo aquello le afectó mucho. De hecho, prometió que no iba a volver más.

Con el corazón afligido entramos en Burkina Faso por la frontera de Koro-Tou y nos dirigimos a Ouahiguya. Después de conducir un rato más pasada esta ciudad (solemos conducir hasta las 16:00 más o menos) nos paramos cerca (aunque con distancia suficiente) de un pequeño poblado para pasar la noche.
Notamos bastante el cambio de Malí a Burkina, en Burkina la gente pasa más de ti y estás mucho más tranquilo. La verdad es que se agradece. Ser todo el tiempo el foco de atención llega a cansar bastante.
Al cabo de un rato de estar montando el campamento, aparecieron un hombre joven con sus tres niños y su padre. El joven hablaba algo de francés y pudimos hablar un rato con ellos. Le preguntamos si podíamos pasar la noche allí y nos dijeron que sí que no había ningún problema.
Nos contaron que vivían en el poblado y que eran familia. Los niños eran preciosos y jugamos un rato con ellos. Como estábamos merendando algo les pusimos pan con mermelada de higo que compramos en Marruecos (la mejor que he probado) y sacamos unas nueces de betel que nos habían sobrado del viaje al País Dogón. El abuelo cuando las vio cambió la cara de golpe. Se puso a reir supercontento y se las guardó en sus ropas como si fueran un tesoro.
Después de estar un rato con nosotros se fueron y al cabo de media hora aparece el abuelo en bicicleta con una pila de leña para nosotros. Se lo agradecimos un montón pero no la aceptamos ya que creímos que ellos la necesitaban más que nosotros que teníamos luz y cocina. Qué detallazo!!
Cuando se echó la noche aparecieron todos los niños y adolescentes del poblado que debían de haber estado en el colegio durante la tarde. Se empezaron a acercar poco a poco y claro Fez ladrando como una fiera. Al final los teníamos a todos delante en una piña sentados en el suelo y a Fez la tuvimos que meter un rato en el camión.
Sacamos unos cacahuetes para todos y los devoraron enseguida. Hablamos un poco con ellos en francés (uno lo hablaba) y cuando ya nos quisimos ir a dormir les hicimos entender que se había terminado la fiesta y que debían regresar a sus casas. Lo pillaron a la primera y se retiraron sin más dilación. Normalmente no suele ser así, cuesta bastante que capten las indirectas…
A la mañana tempranito salimos para la capital del país con el objetivo de hacernos con el visado para Ghana. Fue bastante fácil localizar la Embajada y recuerdo la ilusión que me hizo el entrar y poder expresarme en inglés y que me entendieran y me respondieran de inmediato y a la perfección. Fueron muy amables y lo tuvimos para el día siguiente.
Comimos en un restaurante en la calle al lado del Ministerio de las Artes y la Música y, como siempre, conocimos a Angelo, un chico que trabajaba en el Ministerio y estuvimos un rato largo hablando con él de nosotros, de él, de Africa, de Europa etc. con musiquita en directo de fondo (salía del Ministerio). Fue muy agradable. A la vuelta también nos lo encontramos ya que volvimos a comer en el mismo sitio y también estuvimos con él charlando alegremente y arreglando Africa.
Con el visado en nuestros pasaportes, salimos de Ouaga en dirección Kaya para ver Bani primero (sus siete mezquitas) y despúes de Dori, Gorom Gorom. Al final en Bani ni paramos ya que las mezquitas estaban todas bastante deterioradas y tiramos directamente hacia Dori.
En Dori paramos para comer en un hotelito y uno que trabajaba allí nos empezó a preguntar que a dónde íbamos y tal. Dijimos que a Gorom-Gorom y nos respondió que no había mercado que nos quedáramos allí. Claro, después de todas las experiencias vividas hasta aquel momento pasamos olímpicamente de lo que nos dijeron y después de descansar un poco partimos hacia nuestro destino. ¿Cómo no va a haber mercado mañana?
Después de chuparnos nosecuantos kms de pista con una tolo ondule de cagarse y un calor infernal llegamos a Gorom-Gorom. Paramos en el primer hotelito que encontarmos a tomarnos una Coca-Cola fresquita y a informarnos y nos dicen que efectivamente mañana es el único día del año en el que no hay mercado porque es una fiesta grande musulmana (La Fiesta del Cordero).
Nos queríamos morir, después de hacer tropecientos kms para llegar hasta aquí más los que nos quedaban para regresar! En fin, otro golpe de efecto (no fuimos los únicos guiris que aparecimos). Como no había nada interesante que hacer por allí, cogimos la pista de vuelta y cuando nos cansamos paramos, pasamos la noche por allí acampados y al día siguiente continuamos viaje de regreso a Ouaga.
En Ouaga decidimos bajar ya a Ghana porque las Navidades se acercaban y queríamos pasarlas en alguna playita. El País Lobi y el País Senufo los veríamos a la subida.
Salimos dirección Po (País Gourounsi) tempranito como siempre. Ya a medio camino nos dimos cuenta de que por esta zona iba a ser más difícil salirse de la carretera y encontrar un sitio tranquilo y placentero para pasar la noche porque estaban quemando el campo (bastante a la ligera a nuestro juicio) para hacer carbón. Y es que había veces que pasabas justo al lado del fuego. Estaba todo quemado y donde no habían pegado fuego era porque había un poblado y claro, no te vas a meter en medio de un poblado.
Al final fuimos encontrando todos los días nuestro sitico aunque bastante cerca de poblados por lo que casi todos los días tuvimos visita sorpresa.
Una recomendación, no cambiar moneda de Ghana en Burkina por muy insistentes que sean. Cambiar una vez entrados en Ghana. Nosotros lo hicimos así y acertamos.
VUELTA. La entrada en Burkina fue por Hamale-Ouessa. De ahí nos dirigimos a Diebougou y después bajamos hacia Gaoua, capital del País Lobi.
El trayecto fue muy bonito lleno de pequeños poblados Lobi con forma de castillo amurallado. Paramos bastantes veces, algunas para fotografiar (las menos) y otras simplemente para estirar las piernas y echar una ojeada.
Gaoua es una amable ciudad en la que encontramos de todo para llenar nuestra despensa. Fue divertido comprar en el mercado y en una tienda que había enfrente. Recuerdo que en el Hotel Hala comimos unos fantásticos bistecs con patatas fritas y bebimos una Coca-Cola super fría ¡qué placer!. También aprovechamos para arreglar el pinchazo de una rueda y para darle un bañito al chiquitín. La verdad es que lo pasamos muy bien en Gaoua, una gente super simpática y amable.
De Gaoua tuvimos dudas si tirar para Banfora o para Diebougou primero y Bobo-Dioulasso después. Al final, como vimos que lo que salía para Banfora era pista y ya estábamos cansados de dar botes pues sólo un trozo de una de todas las que llevábamos hasta ahora había estado bien para circular (el resto o tenía mucha tolo-ondule o unos agujeros como cráteres o las dos cosas…) nos decidimos por volver a Diebougou por una maravillosa carretera y de allí seguir dirección a Bobo-Dioulasso.
Cual sería nuestra sorpresa cuando al llegar a Diebougou y enfilar para Bobo-Dioulaso nos encontramos con que también este trayecto era pista ¡y qué pista! estaba literalmente destrozada por las lluvias por lo que durante todo el camino nos encontramos a gente trabajando para arreglarla. Tardamos un montón en llegar a Bobo. Menos mal que la zona era muy bonita y nos echamos unas risas con la gente que nos íbamos encontrando. Rodábamos tan despacio que te daba tiempo hasta de hacer amistades por el camino ja,ja, ja
Al final apareció el asfalto. Señal inequívoca de que llegábamos a nuestro destino. Buscamos la Casa Africa para cenar y después dimos una vuelta por los alrededores con Fez. Todos necesitábamos estirar las piernas después del duro trayecto. Cuando estábamos empezando a cenar apareció un señor bien vestido en silla de ruedas pidiendo dinero para su asociación. Le dijimos que si por favor podía esperar a darnos el mitín después de cenar, que nos apetecía estar un rato tranquilos. Refunfuñando dijo que sí y se fue a intentarlo con los de otra mesa. Al cabo de un rato volvió al ataque y Sebastián le dijo que por favor esperase a que termináramos. Fue tan pesado que a desgana miramos el dossier que nos entregó. No nos apetecía colaborar y así se lo comunicamos (no somos ni Dios, ni millonarios) Lo que nos hizo gracia fue su reacción. Nos salta que ¿por qué no? pero un ¿por qué no? con presión. Vamos, ¡que teníamos que colaborar! ¿cómo que no?. Por aquellas fechas y ya cansados de este tema, Sebastián le soltó un -Porque no me da la gana- . La verdad es que no nos dio buena impresión todo trajeado y pidiendo para Su Asociación en un sitio de guiris.
Nosotros no estamos por la labor de ir en plan Papá Noel repartiendo regalos a diestro y siniestro y menos dinero. No creemos que vayamos a solucionar así las cosas, más bien a empeorarlas. Lo que no quita para que muchas veces nos llevemos a comer a unos niños de la lata o saquemos el botiquín y nos pongamos a curar heridas. De hecho, esto lo hacemos siempre que nos encontramos a alguien que lo necesita. Si quieres llevar cosas para dar ok, pero nunca lo des directamente a la gente. Déjaselo siempre al jefe del poblado, al maestro, a los misioneros etc. ellos se encargarán de que llegue a la población.
Después de pasear un buen rato, nos fuimos a dormir al camión que lo teníamos aparcado en la calle enfrente de la Casa Africa. Por la mañana desayunamos en el hotel y cuando vamos a pagar el tío nos dice que tenemos que pagar también el alojamiento y otra vez movida ¿qué pasa que la calle es también de tu propiedad? Le pagamos lo que tocaba. La cena del día anterior y el desayuno y nos fuimos. Todo el día a vueltas con el puñetero dinero. En Africa nos hemos sentido “dólares con patas” muchísimo más que en nuestros viajes por Asia.
Pasamos un día muy agradable por Bobo-Dioulasso y a la mañana siguiente partimos dirección a Banfora (capital de País Senufo). El paisaje fue precioso todo el camino, muy verde, lleno de campos de caña de azucar. Banfora no nos gustó demasiado aunque comimos genial en McDonalds. Nos acercamos al lago Tengrela y dimos un tranquilo paseo por la zona con Fez que recuerdo que se lo pasó de miedo persiguiendo cabras-ovejas. No alquilamos piragua porque yo Raquel las ví un poco endebles para ver hipopótamos (sí, soy una mujer precavida). Estos animales no son una broma, matan más gente que los leones.
Al día siguiente queríamos ver las Cascadas Karfiguela y los Picos Sindou pero como no encontramos las indicaciones para llegar, nos fuimos a dar un voltio por la zona a nuestro rollo y sin rumbo fijo. Nos quedaba poco de estar en Burkina.
Del País Senufo de Burkina marchamos rumbo a Sikasso, la parte Senufa de Mali.

GHANA:

La entrada en Ghana fue la única difícil. Tardamos horas en la frontera de Paga y eso que llevábamos el visado que habíamos sacado en Ouaga. El problema era que no llevábamos el Carnet de Passage. Nos tuvieron un montón de tiempo esperando a que llegara el jefe de aduanas. Al cabo de horas apareció y muy educadamente nos comunicó que si queríamos entrar en Ghana teníamos que dejar una cantidad de dinero (creo que dijo como 1000€) que luego a la salida nos devolverían. Sebastián, también muy educadamente, le dijo que no, que saldríamos por Hamale y no por Paga.

Bueno, al final, al cabo de mucho hablar con él y prometerle y jurarle y decirle y contarle que no íbamos a vender el coche!, que era como nuestra casa con todas nuestras cosas y hasta el perro (hubo que enseñarlo por dentro) pues bien, al final el tío nos dijo que nos creía que esperaba que no le engañásemos y nos dio un documento que decía que nos comprometíamos a no vender el coche. Este documento lo tendríamos que entregar a la salida de Ghana. Después de muchos nervios y de utilizar todas nuestras habilidades de negociación salimos victoriosos y entramos triunfalmente en Ghana.

Conducimos hasta Bolgatanga donde cambiamos dinero en el Barclays y nos dimos un homenaje en “the canteen“. Qué bien comimos, qué barato y qué simpáticas eran las mujeres que lo llevaban. Con el estómago bien llenito cojimos carretera dirección Tamale, Fufulso, Kintampo, Techiman, Kumasi, osea, todo recto para abajo dirección mar, playa, costa, agua.
El paisaje iba cambiando progresivamente. En el norte era como en el sur de Burkina, todo muy seco y quemado para hacer carbón. Se veía un trajín increíble de sacos para arriba, sacos para abajo y las orillas de la carretera estaban llenas de grandes fardos bien llenos y bien apilados preparados y dispuestos para ser vendidos. Esta zona está habitada por los kassena con sus hermosas casas pintadas con motivos geométricos, distintos según el clan al que pertenezcan sus moradores.
Según avanzábamos, el paisaje se iba haciendo cada vez más y más verde hasta convertirse en una frondosa e impenetrable selva tropical con sus altas palmeras y sus plataneros. También cambió el tipo de calor que hacía, paso de ser un calor seco, muy seco (tuve dolor en la nariz todo el tiempo) a ser un calor húmedo, muy húmedo (no paraba ni un segundo de sudar). Las casas también cambiaron, pasaron de ser de barro o adobe a ser de madera o cemento.
Ghana es un país más avanzado que Mauritania, Malí y Burkina. En cuanto entras lo notas.
La carretera que baja del norte a la costa estaba destrozada, llenita de baches. En bastantes trozos el asfalto había desaparecido y era una horrible pista con boquetes enormes que si esquivabas uno acababas cogiendo otro. A Sebastián, quizá por el ansia que tenía ya de llegar a la playa y dejar de conducir por unos días, le cargó bastante esta ruta. Tenía que estar todo el tiempo mirando fijamente la carretera para no comernos los agujeros o comernos los menos posibles y acabó con la vista bastante cansada. La verdad es que fue una sorpresa desagradable encontrar una carretera tan mala, no nos lo esperábamos en Ghana. Creemos que se fastidió por la inundaciones que hubo unos meses antes del viaje las cuales arrasaron con todo.
Al cabo de dos días de conducir llegamos a Busua. Miramos un poco el pueblo y decidimos quedarnos en el Alaska Beach Club regentado por unos rastas. Primera línea de playa, con acceso directo a ella y suficiente espacio para poder plantar el camión. La playa no era lo que me imaginaba, estaba bastante sucia y me decepcionó bastante acostumbrada a las playas de Ibiza. No se, pensé que estaría todo más cuidado y con más infraestructura. La comida en el hotelito estaba buena pero nos resultó bastante cara y es que Ghana acababa de cambiar la moneda e igual que aquí con el euro, ellos allí también habían hecho redondeo. Lo de que Ghana es barato na de na, eso pasó a la historia.
El ambiente del hotel no nos gustó en absoluto. Primero, la música no es que estuviera alta, es que era algo ensordecedor. A base de taparme los oídos parece que captaron algo y la bajaron un poquito. Segundo, como buena observadora que soy, enseguida me di cuenta de que había mucho rollo putiferio: viejos blancos con negritas, gorda blanca con negritos. No nos moló nada y decidimos buscar un sitio más agradable para pasar Noche Buena y Navidad.
Al final optamos por Brenu Beach y fue una buena decisión. Pasamos tres días enteros de relax total paraditos debajo de los cocoteros haciendo simplemente nada. Fez disfrutó en la playa como una loca con su pelota. Daba gusto verla galopar sin parar, saltar, derrapar, recortar. Todos los que estábamos en la playa disfrutamos con su despliegue de habilidades con la pelota, por no decir de los trajines que se traía con las ovejas y las gaviotas. Vaya tres días que pasó, no paró ni un momento!
Brenu Beach estaba bastante limpia y como era muy larga podías darte largos y románticos paseos. En el restaurante se comía de cine y a buen precio en relación a la calidad (la comida estaba exquisita) y la gente que trabajaba allí era simpática. Por la tarde, los niños del pueblo venían a cantar y bailar al ritmo de la música situados todos en filas y subidos como a una especie de plataforma de cemento que había justo detrás nuestro a modo de escenario. En la playa hubo bastante gente todos los días, esa fue la única pega (pega entre comillas) Sólo hemos podido disfrutar de una playa entera para nosotros dos en Tailandia!
De Brenu Beach nos fuimos a otra playita, Kokrobite, cerca de Accra. Nos alojamos en el famoso Big Milly´s que, la verdad, no entendemos de qué le viene la fama. Nos pareció un tugurio, una cárcel. Estaba completamente rodeado por un muro bastante alto a modo de empalizada. Desde dentro no veías la playa, tenías que subir al restaurante en alto si querías ver algo. El calor dentro era infernal, el muro no dejaba pasar ni una gota de brisa del mar. Sin duda alguna, pasamos la peor noche de todo el viaje achicharrados dentro del camión. Saltamos a la playa y nos pusimos a hablar con los rastas que tenían su chiringuito fuera y hablando hablando les preguntamos el por qué de tener ese enorme muro de separación, si la playa o el entorno era peligroso (estaba lleno de pescadores, gente que vendía comida etc.) Nos dijeron que no, pero que la dueña (una inglesa) era bastante rarita. Todo esto unido al ambiente de putiferio que se respiraba (sí, otra vez) hicieron que al día siguiente por la mañana nos largamos de aquel antro.
Llegamos a Accra, ciudad enorme y caótica (bueno, como todas) que se estaba preparando para la celebración de la Copa Africana de fútbol (así que todavía un poco más caótica si cabe). Localizamos la Embajada de Mali no sin antes dar tropecientas vueltas como siempre, aparcamos con un sol de justicia y directos a gestionar los visados. La señora que había nos dijo que los tendríamos para el martes y estábamos a viernes. El lunes era Año Nuevo y tendríamos que pasarlo en Accra cosa que no nos hacía ni pizca de gracia así que a llorarle tocaba. Al final se fue con los pasaportes a preguntar si podríamos tenerlos para la tarde. Nosotros todos nerviosos, andando de arriba para abajo y de abajo para arriba cuando de repente aparece la señora y nos da los pasaportes diciéndonos que ya teníamos los visados y que feliz Año Nuevo. Bueno, no nos la comimos a besos de milagro. No sabíamos como agradecérselo. Todo lo que le decíamos nos parecía poco. Ella reía y reía. Fue de lo mejor que nos pasó en Ghana.
A toda prisa fuimos a cambiar dinero y salimos pitando de Accra, qué agobio de sitio! Nos dirijimos a Tema, Somanya, Atimpoku y Ho. Aquí nos plantamos a las afueras de un pueblito al lado de la escuela. Tengo que decir que en todo Ghana fue muy difícil encontrar un sitio en el que plantarte a pasar la noche porque la vegetación lo inundaba todo y no te podías salir de la carretera. En los sitios en los que la habían cortado era, obviamente, porque había un pueblo.
Fue muy gracioso porque bastante cerca había un campo de fútbol donde estaban jugando un partido. Al cabo de un rato casi todos estaban sentados cerca nuestro cotemplándonos extasiados. Al final, acabamos todos juntos y un chico ciego se puso a cantar canciones mientras la noche se nos echaba encima, top!
De Ho tiramos para Koforidua y después a Kumasi. En Kumasi plantamos el cacharro en la Presbyterian Guesthouse que tenían un campo enorme donde las gallinas y los pollos, junto con los cuervos, campaban a sus anchas para gusto y disfrute de Fez. Nos fuimos a cenar a un muy buen restaurante que había cerca con aire acondicionado y todas la comodidades occidentales (tirando la casa por la ventana).
Sebastián comió su tradicional arroz con no se qué y yo me pedí una super pizza con piña y pollo. Comimos tan bien que quedamos con ellos para el día siguiente que era Noche Vieja.
Por la noche, cuando ya estábamos durmiendo me empezó a doler mogollón el estómago y tenía muchas ganas de vomitar. Y vaya si vomité, me pasé toda la noche haciéndolo, hasta que me quedé dormida de puro agotamiento. Luego o, si no recuerdo mal, al mismo tiempo empezaron los retorcijones de tripas, ya se entiende, ¿no?
Resumiendo, que me pasé la Noche Vieja y el Año Nuevo en el baño. Ahora me río pero lo pasé bastante mal. Pizza en Africa, ¡nunca mais!.
Cuando me recuperé y vimos un poco Kumasi (tierra Ashanti) partimos para el Mole National Park. Todo carretera hasta Fufulso y de allí a Larabanga pista muy mala, muchísima tolo ondule. Cuando llegamos todos dispuestos a ver animales, resulta que el guarda de la entrada nos dice que el perro no puede entrar. Que lo dejemos en un hotel en Larabanga. ¡¡qué cabreo!! No hubo manera de convencerlo. Esta vez si que no coló y con un enfado monumental tiramos para delante hacia Wa, Lawra y por fin Hamale,  todo por pista!

No tenemos muchas fotos de Ghana porque se ha estropeado una tarjeta… éstas son del Big Milly´s (Kokrobite).

Os paso la mejor guía para viajar por África Occidental. Para mí lo mejor de la guía son los mapas de las ciudades. Imprescindibles!

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